Nos encontramos en comunidad…

Columna de opinión por Tanisha Desiree Gaspar Clemente

Llevamos tiempo viendo cómo nuestro país y el mundo, poco a poco, se van convirtiendo en lugares más violentos, donde incluso se vuelve difícil vivir.

Suena hasta extraño cuando mi madre y mis tías hablan del país en el que vivían no hace tantos años, y de cómo la crianza era colectiva; de cómo, a pesar de las situaciones, la comunidad era la primera respuesta. Todos los vecinos estaban pendientes de quién pasaba y de quién era hijo de quién. A la hora en punto en que algo ocurría, toda la comunidad respondía y se apoyaba. Hablan y hablan como si algo se hubiera perdido… como si esa raíz que nos sostenía se hubiera cortado, o como si a nadie le importara, o ya no apostaran a lo que antes realmente funcionaba.

A veces tenemos que volver a esa raíz… a nuestro punto de encuentro, a esos espacios donde aún se encuentra la comunidad. Donde se respetaba, donde se escuchaba, donde se establecían límites con amor y donde nos dejaban ser niños. Donde jugábamos, donde teníamos escuelas abiertas, donde todos eran parte de la crianza y donde se validaba el proverbio africano: que para criar a un niño se necesita una aldea entera.

Sigue pasando el tiempo y vemos cómo, cada vez más, se nos quitan recursos, nos cierran los espacios recreativos y no hay programas de inversión en la niñez. Con esto quiero decir que el gobierno ha abandonado a la niñez. Se les olvida que crecen, se les olvida que, trabajando desde la raíz, podemos disminuir la violencia. Y digo disminuir porque, para ser realistas, erradicarla requiere mucho más.

Pero desde nuestras trincheras podemos comenzar a aportar y sembrar esperanza. En PAYE hemos aprendido que, definitivamente, si toda la comunidad está bien, nuestros niños también lo estarán. Hemos aprendido que, desarrollando actividades comunitarias donde se integre toda la comunidad, comenzaremos a vivir en un barrio más tranquilo y en paz.

Nuestros niños aún corren bicicleta juntos, corren four tracks, caminan y juegan. Hemos logrado mantener esa unión entre los sectores, promoviendo que nadie se sienta superior a otro, entendiendo que todos somos parte de lo mismo. Sus voces son escuchadas y sus reclamos, en todo momento, son válidos. Que se puede vivir en un ambiente libre de violencia y que, desde que entras a PAYE, el aire que se siente es de paz y libertad. 

Hemos aprendido que con amor todos nos entendemos mejor. Que los abrazos son necesarios y que no nos negamos a darlos. Que, cuando se proveen espacios para estar, hablar y recrearse, sus mentes se ocupan y descubren que un país mejor es posible.

Que las limitaciones muchas veces están en sus mentes y que, a pesar de experimentar condiciones de pobreza o racismo, ellos valen. Porque les enseñamos a amarse y a tener identidad; porque cuando sabes quién eres y de dónde vienes, nadie te puede engañar.

Porque sí, porque todavía nos encontramos en comunidad, porque se vale apostar y brindarle mejores oportunidades a la niñez. Porque se vale sentarse cinco minutos y escuchar sus sueños, sus temores y su visión de país. Nuestros niños necesitan que el gobierno les preste atención, necesitan que sus voces sean escuchadas y que dejemos de tomar decisiones sin poner el oído en la tierra.

Todos sabemos cómo se pueden resolver las cosas; todos hablamos, pero muy pocos accionamos para cambiar las realidades de nuestros espacios. En PAYE no esperamos a que nos resuelvan: vamos en el camino creando oportunidades para nuestro barrio.

Porque crecimos en comunidad, porque creemos en la comunidad y porque esa es nuestra raíz.

Negré: Black & Loud Voices nuestra estrategia y ecosistema de narrativas decolonizadoras y antirracistas en la que continuamos amplificando las voces de nuestra gente negra y situándoles al centro y al frente.